Uber mató a los taxis verdes
La cartuchera de Chéjov de Mikhail Carbajal
Cuando era niño, en Durango, un ecotaxi costaba, de la central de autobuses a la casa de mis abuelos, alrededor de 20 pesos. Acaso menos. No demoraba uno en ver pasar taxis y taxis. Aunque un poco más encarecidos, esa dinámica permanece en mi natal Duranguito.
Cosa distinta, en Ciudad Juárez, mi segundo hogar, en cuya adolescencia solamente en una ocasión tomé uno de esos taxis viejos, alargados como sólo los carros de los 80 podían ser, y cuyo tramo siempre era al tanteo, carísimo. En una ocasión tomé uno del centro a la que era mi entonces casa, y me cobró una millonada.
Años luego, en la ciudad de Monterrey, mi tercer hogar, viví la esplendorosa era pre-Uber, en donde los taxis verdes eran no sólo económicos, sino que, al menos a mi parecer, eran honestos; el banderazo costaba 7 pesos, y un poquillo más el kilómetro recorrido. Recuerdo que no era nada extraño pagar menos de 70 pesos por un recorrido largo, y a veces “la mínima” era de 40 pesos.
Recuerdo cuando empecé a tomar Uber, allá por el 2014, los mismos años en que empecé a usar smartphone (pues antes continuaba con mis celulares económicos tipo Tamagochi). El viaje era económico, sencillo, e incluso innovador. Los choferes de aquellos días eran excelentes, ofrecían agua, cargar el cel, las unidades estaban bien cuidadas, y además, sobre todo, eran baratos.
El intempestivo paso del tiempo continuó sucediendo, y a la par en que el transporte urbano se encarecía proporcionalmente a la baja de su calidad, también los taxis comenzaban a desaparecer; hace unos años tomé un taxi verde de los regios, Sentra dosmileros, y la experiencia fue agridulce: unidades mancilladas, destrozadas, taxímetros obscenamente alterados, pero eso sí, veloces cual cafres regios.
La verdad es que hoy en día, al menos en mi singular opinión, ya no conviene usar taxis, justo por eso, el tanteo, la falta de claridad, el “pa allá no voy”, y la murphiana dinámica de que cuando no lo necesitas pasan muchos, y en el instante en que urge, no pasa ninguno.
Lo cual nos ha obligado a utilizar taxis de aplicación: he sido catador de Uber, Didi, Beat, Taxiffy, y otros más. Los más monopolizantes, y por ende, los más usados, siempre son o Uber o Didi. Pero uno ya sabe a lo que se atiene: si es hora pico, será muuucho dinero, muuucho tiempo de espera, y tal vez un mal rato.
Esta ciudad, La Sultana del Norte, se ha vuelto hostil, intransitable en todo medio de transporte público o privado. El tiempo deja de ser tiempo, y no puedo sino extrañar con nostalgia hace algunos ayeres cuando no era una cruzada imposible alcanzar asiento en uno de los autobuses antiguos, conseguir un taxi veloz y económico, y no tener que gastar 400 pesos de Uber para no perder mi bono de puntualidad de $200.
Aún no tengo estabilidad financiera para hacerme de un coche, pero estoy seguro de que entonces tendré palabras para hacer una columna sobre los estragos de manejar en una urbe como esta… y a la par seguir extrañando épocas sencillas donde no teníamos que escoger entre puras malas opciones de transporte.
Entiendo la dinámica del otro lado del Golfo, donde las mafias de taxis extorsionan, coercionan y presionan al servicio de Uber. Aquí en la zona federal donde se encuentra el Aeropuerto se escuchan historias similares. Pero eso sí, el riesgo de que las apps de taxi acaparen toda la oferta no me hace sino sentirme en un tiempo apocalíptico, y que todos mis recuerdos de Durango o la frontera, o el Monterrey de los 2010, fueron mejores.
Ay, ya me están rechinando las rodillas.
— Mikhail Carbajal
— Mikhail Carbajal
Escríbeme a mikhailcarbajal@hotmail.com
Mikhail Carbajal (Durango, 1991)
Es licenciado en Letras Mexicanas por la UANL y Maestro en Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación. Es poeta y narrador. Autor de “Dividir el desierto” “Ciudad enteramente re-construida” y “Uno es el número mínimo de personas para hacer un dueto”. Es el creador del proyecto “La gramática del meme” reconocido en 2023 por el Senado de la República como proyecto que fomenta la cultura en la juventud. Fue becario del PECDA Durango en 2023 y lo es ahora en 2025.